Tú y yo, en una habitación los dos, rodeados y disfrutando del silencio. Mis manos rozando tus piernas, tus manos marcando mi espalda, poco a poco, ascender, hasta llegar hasta tu cara, acariciarla, sentir tu suave piel, juguetear con tu cabello, tocar con mis pulgares tu bella boca, y poquito a poquito, acercarnos, comernos a besos. Despacio descender hasta tu cuello, besarlo, sentirlo, mi boca en él, tu boca besándome, haciéndome sentir en el mismísimo cielo, fundirnos en un abrazo, en incontables besos.
Prenda por prenda, caricia tras caricia, caer en un espacio distorsionado, paralizar el tiempo, hacer del momento, una eternidad, hacer de cada instante, horas y horas de imborrables recuerdos, de fotogramas por segundo, guardadas en nosotros, en ti, en mí.
Sentir el tacto de tu piel marcando paso, de tu cuerpo dejando huella en mí, acto seguido cada detalle, cada mínimo detalle, efímeros pero interminables, dejan firma en la habitación, dejan firma en nuestros cuerpos. Cada gota de sudor que cae lentamente, cada pestañeo, cada palabra, cada susurro, cada roce, cada tacto, tu respiración sobre mi piel, mis besos en la tuya, que nos envuelva la locura, darnos cobijo el uno al otro, calor en una noche fría, hacer de la habitación, nuestro reino.
Unirnos siendo uno, lentamente, hacer que la lujuria nos libere, permitir que el amor nos guíe, viajar a un mundo en el que seamos los gobernantes, creando nuestras propias leyes, sin límites ni restricciones, haciendo lo imposible, alcanzando lo inalcanzable.
Cómo beber del mejor whisky, catar el mejor vino, emborracharse de tus besos, perderse en tu mirada, encontrarnos en una misma cama, los dos, juntos, un amanecer, tú jugando en mí espalda, tú besándome suavemente, yo a tu lado, acariciando tu piel.
Emborrachándome de ti.
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